En aquella era del planeta tierra todos iban corriendo. Se paseaban corriendo, se desplazaban por el hogar corriendo, escuchaban las noticias corriendo, había incluso quien conseguía dormir corriendo... Debido al boom de la microsegmentación, los más veloces eran captados laboralmente por el sector publicitario. Pero todos, sin excepción, sentían que se les escapaba el tiempo. Esa sociedad había nacido un poco antes de lo que le hubiera gustado y trataba de llegar a vivir la gran novedad. Un invento que cambiaría por completo la historia. En principio lo iban a disfrutar otros: sus ya malqueridos bisnietos a los que les llegaba el premio sin perseguirlo. A no ser que de tanto correr ellos llegaran antes. A punto estuvieron de lograrlo, alguno pudo verlo de pasada, corriendo a bastonazos presenció en sus últimos segundos de vida cómo se producía el ansiado hito: el ser humano había inventado la fórmula para avanzar minimizando al máximo el riesgo al error. Fue de improviso, alguien tropezó y al levantarse lo dijo. Otros lo propagaron, y todos supieron que aquel era el camino. Entonces el mundo se detuvo, dejaron de correr y empezaron a mirar hacia adentro, buscando entre sus pensamientos. Lo habían descubierto, iban a combinar la acción con el estudio, la reflexión y el descanso.
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