Vender más, qué gran tentación. El director de comunicación o "mulero" sacando pecho, la de cuentas, "mulera" también, orgullosa, los creativos tan tranquilos... El producto se vende más, qué más queremos. La acción en la tienda ha funcionado, la comunicación ha costado bien poco, el trabajo ha sido limpio, sin problemas, para qué invertir más. Al año que viene repetimos.
No sé por dónde está entrando ese virus o troyano en los cerebros de las marcas, pero este phishing es de cárcel. Que alguien se pregunte por qué la gente ha comprado. Por qué ha preferido esa marca a otra. Vale, por la oferta, pero no todo lo que se pone en oferta se compra, existen tiendas con verdaderas baratijas que no compramos. ¿O alguien ha adquirido alguna vez el pajarito que silba soplándolo? La oferta se entiende como tal cuando se le resta precio a algo de más valor. Y el valor lo consigue la calidad del producto pero sobre todo la marca.
Y eso no es todo, porque para el año que viene se sacará una partida presupuestaria destinada a redes sociales. Muchos no saben muy bien por qué, pero conseguir seguidores se ha convertido en primera necesidad. ¿Quién no ha soñado alguna vez con tener fans? ¿A quién no le excita ver como cada día consigue que una o dos personas más le hagan caso?
Creo que el ladrón de imagen de marcas está en otro país y no se le puede coger, pero a los que están cerca de las marcas, desprotegiéndolas a diario, a los intermediarios del phishing o "muleros" habría o que denunciarles por arruinar empresas o lamentar que por su incultura en comunicación corporativa les estén estafando.