Vi al estratega pálido a punto de eclosionar. Era una feliz idea. Su cerebro había llegado a darle una respuesta, por fin. Balbuceó, quiso hablar pero no pudo, su boca no era capaz de articular palabra. Todos lo entendimos. Su silencio estaba gritando: -bien, bien, ya está bien de aburrir al personal, seamos creativos, seamos creativos en comunicación-. O eso fue lo que quisimos interpretar.
¿Pero nos debemos olvidar de cómo habla la marca? Sin perder su personalidad, la marca se expresa en el tono que más le complace, al igual que las personas, pueden ser aburridas o ingeniosas, depende del momento y del contexto. Y hoy en día el momento y el contexto son de una disparidad absoluta.