jueves, 30 de septiembre de 2010

El futuro de la publicidad: ¿tan difícil es ver lo fácil?

¿Tan difícil es deducir que en el futuro el contenido de valor irá acompañado por publicidad? ¿Tan difícil es imaginar que hoy la brillantez del medio es capaz de disimular la mala calidad del anuncio pero que, en breve, la calidad total volverá a ser una exigencia para una marca? ¿Tan difícil es creer que nada podrá suprimir al sofá y al mando a distancia cuando alguien llega agotado del trabajo? ¿Tan difícil es deducir que hoy los jóvenes están enganchados a internet, pero que cuando sean mayores, trabajen y tengan hijos, se tirarán como locos a por el mando y el sofá? ¿Tan difícil es aceptar que internet se convertirá en televisión y la televisión en internet y que seguiremos buscando lo que nos gusta con el mínimo esfuerzo y al menor coste posible?

Y por mucho estudios que aparezcan (si es que aparece alguno) y aunque me contradigan: ¿tan difícil es pensar que los anuncios en televisión no se ven más si son acompañados por un insulso recuadro con la imagen del programa? ¿O que si los anuncios fueran buenos la gente no los rechazaría? ¿O que si no exitieran parrillas de quince minutos el espectador estaría más receptivo a ellos?

Pues nada, realmente el futuro de la publicidad es impredecible porque es muy difícil que seamos capaces de ver lo fácil.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Marcas imperecederas: La Cenidoscientas

Hay marcas cuyo éxito dura una eternidad, que bien aprovechadas se comen cualquier mercado. ¿Alguien puede con la Cenicienta? Se mete hasta en la sopa (de estrellitas de toda la vida dando forma a unas tiras de pasta de colores). Falta el evento típico en un Centro Comercial, con todas las niñas probándose el zapatito, ¿o ya se ha hecho?

Parece que cobra valor llevar a término las ideas aunque no sean originales. Yo pienso que es más práctico, nada más que eso, pero nunca mejor. Para mí no hay nada como aportar algo absolutamente novedoso aunque nunca nadie llegue a ejecutarlo. Pero no sólo inventarlo sino vivirlo. Y pienso que siempre será mejor porque desde que nacemos lo que verdaderamente nos mueve es descubrir algo que nos resulte desconocido.

¿O por qué crees que aprendiste a caminar?, ¿por intentar ver a la Cenicienta doscientas veces?