Empezó a trabajar como creativo en publicidad. Tenía talento, ganas de aprender, era rápido, muy rápido y preciso. Lo tenía todo pero..., además era obediente. Lástima. Tan obediente que atendió sin miramientos a todo lo que le requerían, desde el primer día. Ya en el tercero, se rindió, olvidó su carrera profesional para construir la de los demás. Para dar respuesta a las exigencias de servicio, de sumisión. Para hacer sentir a sus jefes lo que siempre habían deseado, ser jefes o creativos. Aquellos que valoraban la capacidad de sus equipos por la rapidez y eficacia en la respuesta, en su respuesta.
Y así terminó su carrera. El resto lo vivió rodeado de alabanzas y premios, sin que él pudiera hacer nada para remediarlo.