Pocos han reparado en que somos capaces de decirle a nuestro hijo recién nacido de forma imperativa o desesperada que se duerma y parecer los más dulces del mundo. Es fácil, sólo tenemos que acompañar la frase con una suave melodía. Creo, incluso, que con la exitosa nana del "duérmete niño" podríamos insultar a nuestro propio hijo sin que se quejara el otro progenitor. Como ves, importa poco lo que digas, es más valiosa la forma en que lo haces.
Cuando presentas en público hay estudios que demuestran que el 94% del interés lo despierta el cómo y un 6% el qué (aunque sin qué no haya cómo). Así que les diría a los expertos en márketing on line que menos posicionamiento en Google, menos textos largos y algo más de belleza, dinamismo y brillantez para las webs.
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