Fue así de sencillo: el creativo invitado a un concurso de promoción de Galicia como destino turístico no encontraba el briefing y pensó en esa oportuna idea. La directora de cuentas estaba de vacaciones y no tenía acceso a Internet. El ejecutivo presente era junior y no tuvo la valentía de frenar la propuesta, aunque quiso dejar claro que no le gustaba. Al cliente le llamó poderosamente la atención, sobre todo cuando su mujer vio por casualidad el original y le dijo que le gustaba mucho. El presupuesto de realización del spot era más alto de la cuenta pues sobraba un dinero que había que gastar. Justo esa semana el creativo había recibido una bobina de un gran realizador apasionado por la dirección de fotografía. El director de fotografía en el que ese realizador confiaba podía participar porque le habían suspendido el rodaje de una película a causa de las interminables lluvias...
El caso es que salió todo redondo y sin que nadie pudiera evitarlo, ni la directora de cuentas, que a su regreso insinuó al cliente la posibilidad de ofrecerle otra propuesta. Como digo, fue así de sencillo, nada evitó que el gran público viera por una vez lo que deseaba ver: una creatividad sin tantos objetivos de marketing, sin tanta reflexión estratégica, una creatividad que simplemente le gustara.
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