Cogí el mando a distancia y decidí hacer zapping cuando el director de cuentas iba a decirme que eso no era lo que quería el cliente. Volví a hacerlo cuando efectivamente el director de comunicación iba a elegir la creatividad más formal. Repetí la operación cuando se apuraba tanto el presupuesto que la película iba a perder todo el encanto. De nuevo apreté un botón del mando cuando el planificador de medios pretendía una frecuencia excesiva en detrimento del segundaje. Y todavía después, cuando la censura apreciaba malas intenciones donde sólo había arte y diversión. Por fin llegó el spot y dejé de hacer zapping.
Esperemos que a partir de ahora, en vez de cambiar de canal cuando llegan los anuncios, en los que aún llegan, lo que de verdad cambie sea la publicidad.
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