No se puede ser plenamente feliz cuando sabes que hay gente que no ha probado la cuajada con miel. Que se está perdiendo el placer más intenso y a la vez más delicado de los postres. Cuando tomo una cucharada me acuerdo de todas esas personas que no lo disfrutan. Y no puedo dejar de lamentarlo. Me abate tanto que sólo encuentro consuelo tomándome otra cuajada.
Me pasa algo parecido cuando me encuentro con un concepto y lo saboreo, pienso en la gente que no se detiene ante ellos, que no sabe que existen, que no se deleita al verlos... Me afecta tanto que, nuevamente, sólo me reconforta buscar otro concepto.
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